También tuve en cuenta el pago inicial ($6,500) y los costos de cierre ($4,190). Sólo tendría que pagarlos una vez, por lo que mi cálculo del costo total para ser propietaria, correspondiente al primer año, sería de $26,182.
Si consideraba el costo durante el primer año, ser propietaria me costaría más de lo que esperaba, pero debía considerar el costo a largo plazo.
Teniendo en cuenta algunas presunciones que parecían razonables, pude ver que a largo plazo comprar una vivienda finalmente compensaría el esfuerzo. Mis pagos mensuales serían más bajos que si alquilaba (porque el alquiler seguiría subiendo, en tanto el pago de mi hipoteca sería fijo durante 30 años), y podría acumular valor líquido en mi propiedad con el paso del tiempo. Todos los meses, parte del pago de mi hipoteca ("principal de hipoteca") contribuye a acumular el valor líquido de mi vivienda. El valor líquido es el monto que vale una vivienda menos el monto que aún se adeuda por la hipoteca. El valor líquido de una vivienda puede aumentar a medida que disminuye la cantidad del préstamo, especialmente si el valor de la propiedad asciende con el paso del tiempo.
A largo plazo, ser propietaria de vivienda me parecía mucho mejor que alquilar. Después de dos años de la compra, habría pagado $41,674 en total por mi casa, que es $16,702 más de lo que me costaría alquilar. Sin embargo, también calculé que para ese entonces tendría más de $20,000 en valor líquido. Si hubiera tenido que pagar alquiler durante esos dos años, no habría acumulado valor líquido. Más >